9.11.2006

carta

¿Qué sería de nosotros, Señor, sin mapa ni brújula en este camino de bruma?
¿A dónde llegamos cuando el último aliento despide una carrera a ciegas, habiendo evitando obstáculos, abrazados al placer y aborreciendo el miedo y el espanto?
Me has dado de todo señor, menos la de capacidad de ser arquitecta de mi propio destino con mis propios medios (una masa confunsa de instintos, apegos, obsesiones y caprichos).
Apenas si puedo ser una decoradora de interiores kitch que tapa las imperfecciones y agujeros de las paredes con guardas estampadas y flores artificiales.
No, Señor, esa capacidad no la tengo y lo sé aunque cada tanto tanteo nuevamente hasta donde llegar con estos medios.
Sólo la experiencia de tu presencia puede darme las ansias de verte cara a cara y la posibilidad de que eso suceda (que en mi imaginación es algo así como el instante en el que el misterio deje de ser misterio, se suspendan las preguntas y la verdad en sus dimensiones infinitas me abrace y me libere hacia la eternidad) le da un insentivo final al paso por esta tierra.
Por eso te busco, y encuentro que me buscas.

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