
Duele despedirse del personaje, como si uno se quitara algo pegado a la piel del brazo, la diferencia es que no está la posibilidad de pegar un tirón.
Es un proceso lento, en el que van caducando de a poco los distintos aspectos de aquel que lo ha acompañado a uno durante toda una vida, como dejar el caballito de batalla abandonado en un establo de una finca abandonada. Como una cebolla uno va aproximandose al tallo, que es también /vaya coincidencia/ lo que hace llorar los ojos.
Millones de metáforas literarias bellas e ilustrativas para este camino de sacarse de encima capas de falsa identidad a fin de encontrarse con una verdadera, primero hay que confiar en que existe esta verdad, abajo de las construcciones psiquicas.
Lo cierto es que duele y desconcierta.
A menudo me quedo callada y no discuto, me reservo la ironía y elijo estar a solas...ando como perro en cancha de bochas dirían en mi provincia....otra metáfora útil.
Es una aventura prometedora, en la que se vive intensamente eso de morir y volver a nacer, lo siento así, como pequeñas muertes cotidianas en las que me despido de lo que fui coleccionando durante toda mi vida para forjar aquella que creía que era y voy renaciendo a esta nueva vida tan sutilmente que miro el mundo como una recien llegada.
3 comentarios:
A mi tambien me ayudo mucho el libro de "el regreso delhijo prodigo", es un libro para leer y releer con el tiempo.
Gracias por el enlace. Saludos desde España!!!!
Suerte con tu viaje, Nati. Es verdad que nadie puede hacerlo por vos... pero sabé que de distintos modos vas acompañada. ¡Abrazoenorme!
Somos muertes cotidianas... lo interesante es que siempre resucitamos!!
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