6.04.2008

EL RESTAURADOR

Hoy amasijada en el tren me imagine a Dios como un escultor que se desprende de una obra magnìfica. Durante años esta escultura viaja por galerías de bajo presupuesto y luego con exito transita de museo en museo, de expo en expo, incluso subastas. Viaja en barco cruzando el atlàntico y luego en camiòn por caminos de ripio y autopistas, tambien vuela en un jet privado y se pierde y se encuentra una que otra vez. Al cabo de unos años la obra tiene muchas marcas y el único que puede restaurarla es el anciano artista que la ve llegar en un container y le hace un lugar en su atelier. De a poco el creador le devuelve su forma original, las marcas invisibles siguen latiendo en la escultura pero ya no duelen.

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