9.23.2008

Escuchar y Practicar

Libro de los Proverbios 21,1-6.10-13.El corazón del rey es una corriente de agua en manos del Señor: él lo dirige hacia donde quiere. Al hombre le parece que todo su camino es recto, pero el Señor pesa los corazones. Practicar la justicia y el derecho agrada al Señor más que los sacrificios. Los ojos altaneros, el corazón arrogante, la luz de los malvados: todo eso es pecado. Los proyectos del hombre laborioso son pura ganancia, el que se precipita acaba en la indigencia. Tesoros adquiridos con engaños son ilusión fugaz de los que buscan la muerte. El alma del malvado desea el mal, él no se apiada de su prójimo. El simple se hace sabio cuando se castiga al insolente, y asimila la ciencia cuando se instruye al sabio. El justo observa la casa del malvado, y precipita en la desgracia a los malos. El que cierra los oídos al clamor del débil llamará y no se le responderá

Escuchar y Practicar dice el evangelio de hoy, con esta previa introducción del libro de los proverbios. Esta escucha que se nos pide equivale a la apertura de corazón necesaria para recibirla, no es un simple oir, es un acoger que implica un respuesta. Ponerse a disposición para aquello que haya que oir y comprometerse a aceptarlo y practicarlo es la hoja de ruta del camino cristiano. Vaciar la copa de mí para llenarla de él, dejar el volante y cederselo a un capitan más autorizado que mi voluntad es un acto de libertad, nadie puede hacerlo por mí, nadie me asegura que será fácil despedirme de mi derecho a tener razón.
Por mucho tiempo pensé que poner mi vida en manos de Dios equivalía a soltar totalmente los anhelos, deseos, sentimientos, el placer y mis intereses, pero sé que significa disponerme a oirlo a través de mis deseos y sentimientos. A través del dicernimiento puedo elegir entre la calma voz del espíritu y las aguas agitadas de todo lo que me hace mal aunque se vista de gala.
Escuchar implica seguir esa intuición suave aunque no se vea para adelante, implica ir en contra de lo que muchas veces se plantea como la verdadera libertad, pero me conduce a la verdadera libertad.
Sólo Dios es capaz de atravesar un corazón cerrado pero está en nosotros dejarnos atravesar.


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