
Fast Food Nation - Richard Linklater (2006)
Podría rescatar de Fast Food Nation ,antes que nada, la enorme sensibilidad social de su director Richard Linklater que del intimismo viene escapando hacia las grandes cuestiones sosteniendo sus filmes con personajes profundos y complejos. En sólo una escena-tal es el caso del personaje interpretado por Bruce Willis - se desnuda todo un tipo social, un cuasi estereotipo del mundo globalizado logra cristalizarse en cuatro líneas de diálogo y eso es un mérito.
No voy a detenerme a analizar ni el guión, ni el ritmo, ni la abrupta desaparición del protagonista a mitad de película. Tampoco quiero revindicar el vegetarianismo y desarrollar una tesis sobre pollos aprisionados, que ya hemos visto en Baraka y tantos otros filmes ni aplaudir la denuncia de una más de las industrias poderosamente injustas de Estados Unidos como viene haciéndolo Michael Moore.
En este caso quisiera hacer hincapié en la hamburguesa en cuanto tal, creo que este disco de carne procesada es termómetro/símbolo de la relación que tienen (y exportan) los americanos con las mercancías que consumen y en este punto me voy a vestir de marxista para aclarar a qué me refiero exactamente: señores atrás del big mac hay relaciones humanas y toda una industria simbólica funcionando para que la conciencia sea puesta en suspenso en lo que duran tres bocados y unas frenchitas.
Partiendo de que la hamburguesa sería el ícono por excelencia de la percepción de la cosa en sí como un fenómeno natural y espontáneamente
creado, considero que la misión combativa de Linklater finalmente está cumplida.
Ahora, los únicos personajes de la trama que logran algo más que tener un simple asquito por la carne de res son los adolescentes vestidos de anarcoecologistas o como también se les suele decir ecofacistas dispuestos a desalambrar y liberar a los vacunos de su injusto destino. Este ingenuo espíritu romántico se revindicará desde una mirada irónica y tierna cuando ante su pequeño ataque terrorista las vacas elijan seguir atadas de pies y manos comiendo alimento trasngénico y esperando la muerte (toda una metáfora
de la visión que se propone de los inmigrantes mexicanos, engañados, esclavos, víctimas, condenados)
No voy a detenerme a analizar ni el guión, ni el ritmo, ni la abrupta desaparición del protagonista a mitad de película. Tampoco quiero revindicar el vegetarianismo y desarrollar una tesis sobre pollos aprisionados, que ya hemos visto en Baraka y tantos otros filmes ni aplaudir la denuncia de una más de las industrias poderosamente injustas de Estados Unidos como viene haciéndolo Michael Moore.
En este caso quisiera hacer hincapié en la hamburguesa en cuanto tal, creo que este disco de carne procesada es termómetro/símbolo de la relación que tienen (y exportan) los americanos con las mercancías que consumen y en este punto me voy a vestir de marxista para aclarar a qué me refiero exactamente: señores atrás del big mac hay relaciones humanas y toda una industria simbólica funcionando para que la conciencia sea puesta en suspenso en lo que duran tres bocados y unas frenchitas.
Partiendo de que la hamburguesa sería el ícono por excelencia de la percepción de la cosa en sí como un fenómeno natural y espontáneamente
creado, considero que la misión combativa de Linklater finalmente está cumplida.Ahora, los únicos personajes de la trama que logran algo más que tener un simple asquito por la carne de res son los adolescentes vestidos de anarcoecologistas o como también se les suele decir ecofacistas dispuestos a desalambrar y liberar a los vacunos de su injusto destino. Este ingenuo espíritu romántico se revindicará desde una mirada irónica y tierna cuando ante su pequeño ataque terrorista las vacas elijan seguir atadas de pies y manos comiendo alimento trasngénico y esperando la muerte (toda una metáfora
de la visión que se propone de los inmigrantes mexicanos, engañados, esclavos, víctimas, condenados)El resto de los mortales, viven sumergidos en la burbuja del sistema (lease ejecutivos, marketineros, estancieros, inmigrantes con suerte) o caminan derecho al matadero o al infierno victimas de su indefectible condición de clase. Digamos que en este punto el director se revela como un Ken Loach desencantado que sólo encuentra asidero en la denuncia y la experiencia estética como posibilidad de devolver el
problema al espectador. En el mundo de Richard hay testimonio y movilización a través del cine, digamos que la obra de arte se convierte en instrumento contrahegemónico, extensión del documental de denuncia a la pantalla grande pero se ve que aún el mismo no ha encontrado maneras de sugerir otros caminos de resistencia a la esclavitud que anestesia a su país. La desesperanza de la inevitabilidad y la nausea coronan el final del film. Para pensar
problema al espectador. En el mundo de Richard hay testimonio y movilización a través del cine, digamos que la obra de arte se convierte en instrumento contrahegemónico, extensión del documental de denuncia a la pantalla grande pero se ve que aún el mismo no ha encontrado maneras de sugerir otros caminos de resistencia a la esclavitud que anestesia a su país. La desesperanza de la inevitabilidad y la nausea coronan el final del film. Para pensar
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