10.21.2008

desarraigo

Si bien no es lo mismo el desarraigo decidido que el desarraigo padecido/sufrido, sin duda es un estado espiritual. Es la sensación de tener un pie existencia afuera y otro adentro del territorio que se habita ya sea un producto de las cirscunstancias de la vida o una huella indeleble que se traduzca como la incapacidad de arraigarse.

Entiendo en el desarraigo cierto sentimiento de libertad acompañado de un sufrimiento, morriña, saudade constante, cuasi silbido o llanto silencioso que se extraña de lo que ve, la conciencia ineludible de haber renunciado y de ya nunca dejar de renunciar a cada uno de los mundos con los que nos toparemos de aquí en más.

Arraigarse, echar raices sea quizás la condición para edificar y eso implica el hecho de dejar atrás las infinitas posibilidades que ofrece el ser ciudadano del mundo o el estado de transición constante, de escala. Quizás signifique elegir de entre todas las opciones elegibles un espacio en el que saberse ciudadano, habitante para relegar la vida bondi.
Las razones por las cuales elegimos un lugar (cuando nos sentimos interpelados a hacerlo, recordemos que la mayoría de las personas no se están cuestionando todo el tiempo cuál es su lugar en el mundo y piensan en otro tipo de cosas) son muchas, tantas que podemos olvidarnos de algunas importantes.

El estado de desarraigo esconde muchas veces un gran miedo, miedo al aburrimiento, miedo a la rutina, miedo a elegir mal (o sea perfeccionismo) miedo a la esclavitud/fobia, miedo a dejar de ser un extraño y pasar a ser uno más de los peatones que caminan por la calle Florida Por otro lado, nos regala la desnaturalización de lo cotidiano, el poder ver lo que otros no ven, el pasar todo el tiempo pasar y por eso mismo tener mayor libertad para ser, decir, hacer, simplemente por no estar comprometidos por completo con el suelo que pisamos.

Salir del desarraigo es tan doloroso como entrar en él, implica renuncias, bemoles, llantos, soledades, inadecuación, tedio, hastío, rechazo, revueltas. Quizás sea una condición para cierta vida edifacada o edificante pero sin duda implica una renuncia una vez más.

2 comentarios:

Milkus Maximus dijo...

Mmmm, está bueno.
Leíste "Temor y temblor" de Kierkegaard?

Anónimo dijo...

cuando te leía todo el tiempo se me venía a la cabeza la palabra "renuncia" y con ella terminaste tu reflexión amiga
male