11.08.2008

CERRAR


Hoy quiero detenerme en las distintas formas en las que algo se acaba, no es tema menor ni en la vida ni en los cuentos ni en el cine.

Uno podría retirarse dejando que aquello que se abandona quedara petrificado, abandonado y a medida que pasara el tiempo se hiciera cada vez más evidente de que no fuimos a comprar cigarrillos ni -ya venimos sino que hemos partido en puntas de pie para no estar presentes en el momento en que el otro tome conciencia del fin. Sin duda, esta estrategia tiene sus puntos a favor, evitamos poner palabras cuando no abundan, no estamos ahí si a alguien se le ocurre pedir explicaciones que no existen, anulamos cualquier intento de despedida, lagrima o adiós y lo que es mejor no decidimos que se acabe sino que lo dejamos acabar, situación que nos preserva de tener que asumir una postura que quizás sea errónea, equívoca ya que siempre podremos volver y alegar amnesia, embotellamiento o contusión cerebral.

Uno también podría escribir un epitafio solemne ante cada final a modo de homenaje por lo que ha hecho, cargando de emotividad, tragedia y dramatismo el momento llevando a cada una de las partes a desgarrarse mientras miran cual video collage de fiesta de casamiento cada paso recorrido como si fuera la última vez. En esta opción para reforzar el sentimentalismo conviene no tener ninguna otra puerta abierta, es decir leer el papiro y arrojarse a la nada. Soportar las lágrimas de quienes reclaman que continúe la función y regodearse en la culpa y en la duda/certeza de que estamos cometiendo el peor error son parte ineludible de este tipo de cierre.

No obstante entre estos dos cierres creo que existe una opción que es dolorosa pero sanadora y está a la altura de lo que se merece para descansar en paz, es el cierre valiente, que incluye por un lado la autoconciencia del camino recorrido, por otra parte tener en cuenta que otros pueden no estar de acuerdo pero por respecto comunicarles que están asistiendo al último acto, para que no sigan participando, ni comprando botellas para mirar la tapita y por último este final requiere el riesgo profundo de equivocarnos, de fallar, al unísono con la convicción de no poder continuar.


¿Qué tipos de finales estamos construyendo?

¿Qué cierres le estamos dando a las cosas?

¿Acabamos las cosas o las dejamos acabar?

0 comentarios: